¿Qué pasó con la escuela secundaria William James?
Updated: Sep 10
Lecciones aprendidas de la primera línea de la educación
By Felix Alvarado

Criado en el Este (West Side) de San Antonio fue, en muchos sentidos, la prueba definitiva de mi resiliencia. En aquel momento, el West Side tenía fama de ser uno de los barrios mas cautelosos de Texas. Las pandillas, las drogas y las luchas callejeras eran realidades comunes, y la pobreza afectaba a casi todas las familias.
La vida en el barrio era a menudo difícil e implacable. Muchos padres hablaban poco o nada de inglés, lo que se necesitaba para defender a sus hijos cuando surgían problemas en la escuela.
Una de mis experiencias infantiles más difíciles fue lo que los educadores llamaban la regla de "Habla inglés". El español era mi lengua materna, y naturalmente respondía en español. Dos veces me derivaron al Decano de Niños por violar la norma. Ambas veces, me dieron una paliza. Mirando atrás, el castigo se sintió duro y dañino. Experiencias como estas moldearon mi comprensión de lo importante que es que los colegios respeten y valoren el origen y la cultura de cada alumno.
De joven, creía que mi educación en barrio me prepararía para triunfar en cualquier entorno escolar con una gran población latina. Me equivoqué. Lo que finalmente me ayudó a navegar entre diferentes personalidades y situaciones difíciles fueron las lecciones que aprendí en el ejército. La lección más importante fue sencilla: trata a todos con dignidad y respeto, sin importar el rango o el estatus.
Esa filosofía se convertiría en la base de mi trabajo como subdirectora en el William James Middle School en Fort Worth.
Una escuela que enfrenta desafíos extraordinarios
El instituto William James Middle School estaba situado en el lado este de Fort Worth, una zona que, en aquel momento, tenía una de las tasas de criminalidad más altas de la ciudad. Durante mi estancia allí a principios de los 2000, la actividad de las pandillas estaba en su punto álgido.
Entre las pandillas activas en la zona estaban los Bloods, Crips, Latin Kings y FMS-13, junto con varios grupos más pequeños. La violencia era una preocupación constante, lo que llevó a organizaciones comunitarias y líderes municipales a desarrollar programas de intervención. Estos incluían el Programa Emergente de los Clubes de Chicos y Chicas, el Programa de Intervención contra la Violencia (VIP) e iniciativas juveniles patrocinadas por el Consejo 4568 de LULAC.
LULAC, la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos, ofrecía a los jóvenes una alternativa a la participación en bandas. Después de ver de primera mano cómo respondían los estudiantes a la organización, me involucré activamente. Fue una de las herramientas más efectivas que teníamos para conectar a los jóvenes con oportunidades positivas.
Ganándose la confianza de los padres
Una de las lecciones más importantes que aprendí en William James fue que los padres buscan ayuda cuando confían en ti.
Recuerdo una reunión de padres y profesores en la que una madre insistió en que su hijo no estaba involucrado en una pandilla.
"Dime los nombres de algunos de tus amigos", le pedí al estudiante.
Después de que enumerara varios nombres, le hice una pregunta de seguimiento: "¿Alguno de tus amigos es miembro de una pandilla?"
"Todos", respondió.
Los padres se levantaron en silencio y salieron de la habitación con su hijo. La conferencia había terminado, pero se había revelado una verdad importante.
En otra ocasión, una madre angustiada vino a mi despacho buscando ayuda porque su hija se había huido de casa.
"La policía no puede encontrarla", dijo.
Le expliqué que no podía interferir en una investigación policial, pero escuché con atención y prometí hacer lo que pudiera dentro de los límites adecuados.
Más tarde, mientras hablaba con los alumnos en el patio, empecé a hacer preguntas. Al principio nadie proporcionó información. Pero la confianza importa. No pasó mucho tiempo antes de que otro padre llegara a mi despacho y me entregó en silencio un papel con información sobre el paradero de la niña.
"No le digas a nadie de dónde ha salido esto", dijo. "Si no, mi hija podría salir herida."
Inmediatamente compartí la información con las autoridades. La joven fue encontrada sana y salva.
Momentos como estos me enseñaron que las relaciones importan. Cuando estudiantes, padres y educadores confían unos en otros, las comunidades se vuelven más fuertes y seguras.
Celebrando el éxito
No todos los recuerdos de William James están ligados a crisis o conflictos.
Recuerdo las asambleas estudiantiles llenas de emoción y orgullo. Los profesores reconocían los logros de los estudiantes y el ambiente era eléctrico. Al entrar en el auditorio, los estudiantes fueron recibidos con el himno "We Are the Champions." Las celebraciones recordaron a todos que el éxito es posible, incluso ante desafíos importantes.
La directora del colegio, la señorita Ruffin, fue una líder excepcional cuyo apoyo ayudó a crear una cultura positiva centrada en el rendimiento estudiantil.
Cuando dejé el William James Middle School, creía que iba en la dirección correcta.
Una pregunta difícil
Sin embargo, hoy en día, la escuela se enfrenta a un futuro incierto. Los informes indican que se enfrenta a un posible cierre tras recibir calificaciones de rendición de cuentas deficientes durante varios años consecutivos.
Esa realidad plantea una pregunta difícil:
¿Qué ha pasado?
En cada sistema de escuelas públicas, hay cuatro actores clave:
Estudiantes
Padres
Administración del colegio
Administración del distrito
Cuando una escuela tiene dificultades, la responsabilidad rara vez recae solo en un solo grupo. El éxito estudiantil requiere colaboración entre los cuatro.
Durante mis años en William James, los padres respondían cuando se planteaban preocupaciones. Los miembros del personal trabajaban incansablemente y los estudiantes escuchaban y aprendian. Juntos, creamos un entorno donde el progreso era posible.
Los desafíos que enfrenta hoy la escuela merecen un examen reflexivo, no culpa. Más importante aún, merecen soluciones.
Los estudiantes de William James Middle School merecen la pena el esfuerzo.
Como alguien que ha pasado años trabajando con estos jóvenes y sus familias, compartiré encantado mi experiencia si se me lo pide. Las organizaciones comunitarias, incluido el Consejo LULAC 4568, también están dispuestas a ayudar a fortalecer la implicación de los padres y el éxito estudiantil.
La verdadera pregunta no es solo qué pasó con el William James Middle School.
La pregunta más importante es:
¿Qué podemos hacer ahora para asegurar que sus estudiantes tengan el futuro que merecen?
Felix Alvarado es defensor comunitario, educador y miembro del Consejo LULAC 4568. Más información sobre su trabajo se puede encontrar en Latinoculturetx.com.
Nota del editor: Los nombres usados en ejemplos de estudiantes y padres han sido modificados por motivos de privacidad.



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